La solidaridad grancanaria dice «presente» en Valencia

Joel Díaz, reconocido técnico de sonido de la isla de Gran Canaria junto con un grupo de voluntarios se encuentran desde hace semanas en Valencia colaborando con los afectados por la DANA

La empatía es una de esas cualidades que no todos tienen pero que debe ser valorada en su justa medida. A cualquiera nos puede pasar una desgracia en nuestras vidas, y en esos momentos, siempre es bueno recibir la ayuda de una mano amiga que, muchas veces sin conocernos, se encarga de que nuestro dolor se mitigue y logremos ver, como se dice vulgarmente, «la luz al final del túnel».

Eso es precisamente lo que han debido pensar una pareja de personas de avanzada edad de uno de esos pueblecitos valencianos que han sido afectados por la DANA y que han recibido poca o ninguna ayuda. De la noche a la mañana aparecen unos jóvenes canarios por allí y les preguntan si necesitan ayuda, y al ver el estado en que había quedado su vivienda y que habían perdido prácticamente todo aquello por lo que habían luchado a lo largo de su vida, decidieron actuar.

Evidentemente nadie les puede devolver lo que han perdido, es imposible, pero cuando estás sumido en la desesperación y el desasosiego cualquier halo de esperanza te ayuda. En esta ocasión, Joel y sus amigos han limpiado y arreglado la vivienda hasta el punto de convertirla en «habitable», que ya es mucho a juzgar por las imágenes del estado inicial.

La historia de Joel Díaz

Joel es un hombre vinculado al mundo del espectáculo en la isla de Gran Canaria, reconocido por su gran labor como técnico de sonido de muchas orquestas de la isla. Un joven que más allá de ser un gran profesional ha demostrado tener uno de esos corazones nobles que, por desgracia, parece que están en peligro de extinción.

Al contemplar lo que había ocurrido en Valencia decide reunir a un grupo de amigos y trasladarse a la ciudad del Turia, donde reina el caos y la desesperación. En su afán de querer ayudar deciden irse a esos pueblos más alejados de Paiporta, Catarroja o Alfafar, esos pueblecitos en los que rara vez pasa algo y que, en esta ocasión, son los grandes olvidados. En esa búsqueda encontraron a una pareja de personas mayores que lo habían perdido todo por la DANA. Su hogar, ese por el que habían trabajado toda la vida, se había visto seriamente afectado por las grandes corrientes de agua y muchos recuerdos se habían quedado entre los escombros y el lodo.

Sin pensarlo, decidieron que ese era el lugar en que debieran estar y comenzaron a trabajar sin descanso en ayudar a unas personas trabajadoras que, desde luego, merecían una segunda oportunidad.

Las imágenes hablan por sí solas.

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